El jardín heredado de mi abuela

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Hay personas que no solo pasan por nuestra vida. Se quedan floreciendo en ella. Violeta es una de esas presencias. Un nombre que huele a jardín cuidado con amor, a manos pacientes, a palabras suaves dichas a las plantas como si entendieran… porque quizá sí entendían. Desde pequeña aprendí que las flores no solo se riegan con agua. Se riegan con atención, con constancia, con esa forma silenciosa de amar todos los días. Violeta le hablaba a sus plantas. Las cuidaba. Las miraba crecer. Y siempre, siempre, había un jardín hermoso cuando ella estaba. Hoy ese jardín ya no es de tierra. Es de memoria. Es de amor. Es de palabras. Esta cartita nace para transformar ese jardín en un abrazo para quien lo necesite. Para quien esté cansado. Para quien extrañe. Para quien busque paz sin saber aún dónde encontrarla. Si hoy te sientes solo, imagina una flor cuidada con paciencia. Imagina que alguien te habla con ternura. Imagina que no tienes que apurarte en florecer.